Por Alex Vidal

 

¿Cuáles son tus metas? No, en serio, ¿cuáles son tus metas? Te pido que no sigas leyendo hasta tengas en mente tres o más metas que quieras lograr. Si no lo haces, no hace falta que sigas leyendo el artículo.

Ahora responde, ¿cómo definiste esas metas? ¿Con frases cortas, concisas, del tipo: “quiero ser millonario”, “quiero tener la mejor relación de pareja”, “quiero ser famoso”, “quiero ser feliz”,  etc.? ¿te vinieron a la mente instantáneamente, o tuviste que darle algunas vueltas?

Vivimos en un constante deambular entre nuestro pasado, presente, y el futuro que imaginamos. Es innato que proyectemos nuestra vida hacia el futuro, que imaginemos qué ocurrirá, cómo será, qué queremos, qué tememos, etc. Es inevitable hacer planes. Y, bajo mi punto de vista, es algo sano. Imaginar nuestro futuro nos lleva a crear nuevas realidades, a decidir qué camino queremos tomar y a perseguir nuestros sueños.

Aunque parece que estamos perdiendo la capacidad de soñar, y frecuentemente vemos nuestro futuro como una simple evolución lineal de nuestro presente. ¿Por qué limitar el alcance de tus sueños?

Es posible que tengamos miedo a soñar en grande, a plantearnos metas demasiado elevadas, y que nos frustremos por no lograrlas. Ese mismo miedo es el que nos niega la posibilidad de concretar metas, manteniéndolas como simples deseos. Y así se guardan en nuestro pensamiento durante semanas, meses o años. “Quiero bajar de peso”, “quiero ser rico”, “quiero más tiempo para mi” son meros deseos, no son concretos, ni medibles, no tienen ninguna acción asociada. El tiempo pasa, mientras soñamos despiertos, esperando que algún día se cumplan, que aparezca el genio de la lámpara, que se haga justicia, o simplemente nos dejamos llevar por el limitante: “que pase lo que tenga que pasar”.

Entonces, ¿cómo podemos establecer metas que nos lleven a la acción y que nos acerquen a nuestros objetivos?

En primer lugar debemos analizar con atención qué es lo que queremos. Y también es importante reflexionar sobre por qué lo queremos. ¿Es lo que todos quieren? ¿es lo que se supone que debo querer? ¿es que si no lo tengo seré un fracasado?

Alinear nuestras propias convicciones con los objetivos que queremos requiere un proceso de reflexión, analizando aquello que nos apasiona, que nos llena, que nos hace sentir vivos.

Una vez clarificadas nuestras metas, debemos darles forma. Para eso, toda meta debe cumplir los siguientes requisitos:

Debe ser Específica. Cuanto mayor sea el nivel de concreción que pongamos, más facilidad y orientación a la acción obtendremos.

Medible. La medición de una meta nos permite evaluar, analizar, ver los avances y saber cuánto nos falta para alcanzarla. Recuerda que “más”, “mucho” o “bastante”, son términos muy ambiguos. ¿Cuánto más? ¿Un 5%? ¿Un 50%? ¿Un 120%?

Orientada a la Acción. Precisamente para que no se quede en una ilusión, en un deseo, sino en un llamado para movernos y actuar.

Realista. Lo comentamos anteriormente. Una meta debe ser ambiciosa, pero también alcanzable. Deberemos forzar nuestro sentido común para averiguar si tenemos la capacidad y los medios de lograrlo.

En un periodo de Tiempo. ¿En cuánto tiempo lograré mi meta? Poner límites al tiempo nos obliga a ponernos en marcha, para cumplir con el límite impuesto.

La fórmula mnemotécnica que usan en lengua inglesa es S.M.A.R.T. (Specific, Measurable, oriented to Action, Realistic, Time).

Si somos capaces de expresar nuestras metas en formato S.M.A.R.T., habremos dado un gran paso y nos estaremos dirigiendo hacia lo que queremos.

Aunque todavía podemos pulir un poco más esas metas. ¿Están expresadas en lenguaje positivo? Los neurocientíficos aseguran que nuestro cerebro no procesa el “no”. Argumentan que cualquier idea que tengamos, nuestra mente la traduce en una imagen o símbolo. Y puesto que no es capaz de convertir en imagen la palabra “no”, se centra en aquello que no queremos.

Finalmente, es conveniente preguntarnos si la meta que queremos lograr es ecológica. Y no, no tiene que ver con la mejora del medio ambiente. Significa que la meta no afecta de forma negativa a otras áreas de tu vida, incluyendo a las personas de tu entorno, a tus valores, a tus creencias.

Ahora puedo volver a preguntarte: ¿cuáles son tus metas? Efectivamente el enunciado es más largo, pero está enfocado, es claro y directo. No te entretengo más, ¡manos a la obra!